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Taller Literario

 

Sólo una foto

Con tantos robos y arrebatadores dando vueltas, todos me dicen que andar con la cámara a cuestas es muy riesgoso. ¿Acaso no hay gente que va la cancha, u otros que son capaces de viajar en el Roca a las 7 de la tarde?. En fin, para mí la fotografía es una pasión. Mucho más, después que hice el curso en el Círculo Católico de Constitución. Por eso, a todo lo que miro le doy "encuadre fotográfico"…
Mis amigos dicen que estoy loco, que en lugar de mirarle el cuerpo a las mujeres, me la paso criticando la iluminación de la cara o la belleza de sus sombras contra la pared. Ni qué hablar cuando estoy horas en una plaza disparándole al pochoclero, o a algún pibe con su mamá en la hamaca (algo que me generó más de un contratiempo con los "papás" que advertían mi presencia).
Para mí la vida es una sucesión de fotos, cada una es un instante. Me cuesta reconstruir el pasado, si no es mirando una foto.
El sábado me vino a buscar Jorge, para tomar algo en Belgrano.
Jorge tiene una pierna ortopédica, y un auto con caja de cambios automática y acelerador en el volante. Por lo tanto una invitación suya tiene más valor, por tener que luchar contra la máquina y una arquitectura urbana que ignora a los discapacitados.
Mientras estaba bien, el tipo no podía quedarse quieto, era todo vitalidad, y ni qué hablar de las mujeres, no se le escapaba ni una. Ahora, con una pierna menos, está un poco más calmado, vive a otra velocidad.

Cuando me vio subir con la cámara, se agarró la cabeza…
- Otra vez con ese aparatito de mierda, me vas a hacer parar por cualquier boludez.
Tenía razón, lo hice frenar varias veces a la salida de los cines. Las caras de la gente son la mejor crítica cinematográfica. Los vendedores ambulantes son otro caso serio. Difícilmente se encuentre tanto profesionalismo e improvisación para cerrar buenos negocios.

Cuando ya no dábamos más, entre mis tomas fotográficas y las tomas de cerveza, fue Jorge el que frenó imprevistamente.
- Javier, fotografiá a esa mina, la que está hablando por teléfono.
- Dejáme de joder, ¿qué tiene de extraordinario?. No está bien iluminada, y además, fotos de mujeres hablando por teléfono hay miles. Mirá, los viejos y los pibes en la parada del colectivo, tienen más "historia".
- Ya sé, todo lo que quieras, pero vos sacále, yo después te regalo un rollo.
- Bueno, pero mejor me bajo y la tomo desde la calle.
- Ni se te ocurra, hacéla desde acá, desde el auto.

Traté de encuadrar lo mejor que pude, disparé dos veces, y Jorge salió arando como si fuera una picada.

- ¿Estás loco?. Me hacés sacar una foto a una mina del montón hablando por teléfono, y encima salís corriendo como si fuéramos delincuentes.
- Javier, perdonáme, pero vos tenés la suerte de guardar tus recuerdos y llevártelos en la memoria, en el corazón y en una foto. Cuando tuve el accidente, que se quedó con mi pierna, perdí el fútbol, el baile y hasta parte de la memoria. Esa noche, mientras cruzaba la calle, la vi hablando por teléfono, y me paralizó el corazón. Claro, el que no me vio fue el colectivo. Recién la volví a ver, y la recuperé en la memoria como en una fotografía. Por eso me la quise llevar para siempre.

Nicolás Speranza
Noviembre de 2003

 

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