Free Web Hosting Provider - Web Hosting - E-commerce - High Speed Internet - Free Web Page
Search the Web

Taller Literario

 

La señora González (o cómo defiende el amor de su marido, una mujer de su casa)

Técnica usada: Luego de Leer "La intrusa" de pedro Orgambide, contar la historia desde el punto de vista de los distintos personajes posibles. La historia según la Esposa

Disculpe mi ignorancia, no se como debo dirigirme a Usted, desconozco el trato adecuado, dígame cómo tengo que decirle: juez, señor juez, usía, señoría...
Por que yo soy una mujer común aunque no simple, tengo la cultura propia de una hija de buena familia, con un pasar decoroso, un padre ferroviario y una madre maestra. Nací en Olavarría, provincia de Buenos Aires, allá no había esas cosas horribles que oigo nombrar ahora, como cárcel, tribunales, mucho menos neuropsiquiátricos. Sí había tribunales en Azul y cárcel en Sierra Chica, ciudades cercanas, pero los loqueros estaban en Vieytes, una calle de Buenos Aires, que se me antojaba lejana como la misma locura.
Me crié jugando en la vereda sin temores, a la mancha, la escondida o con el carrito de rulemanes de mi hermano, que por no tener frenos se llevó mi diente. Hasta mis sueños eran hermosos, sólo había pesadillas cuando tenia fiebre.
En la escuela era el segundo o tercer promedio de la clase. Leía mucho, Patoruzú, el tib its, pero también Andersen y Salgari. Aprendí a bordar punto cruz y a tejer jersey y arroz.
Cocinaba tortas fritas y torrejas como me había enseñado mi abuela Laudelina.
El secundario lo hice en la escuela técnica de Loma Negra, soy técnica óptica, recibida a los 18 años. Pero sólo ejercí a los 22 ya casada, cuando me mudé a esta ciudad.
Bien, ya creo que tiene una idea de cómo soy. Entonces vamos al tema que usted quiere tratar: Luis Nicanor González, al que en este momento y después de veinte años de convivencia, de feliz convivencia -vaya ironía- no sé tampoco cómo decirle: Mi marido, el reo, el acusado, González, el enajenado, el violento u otro de los epítetos más o menos descalificadores que se han escuchado en esta sala.
Con orgullo de esposa amada y respetada, de madre de sus hijos y más allá de lo que hizo, para mí sigue siendo mi Luis, así con mayúsculas, mi primer y único hombre, por que debo aclararle a usted y a los demás miembros del jurado, que merecía el vestido blanco con el que me casé y que Luis, mi Luis, fue el dueño mi doncellez, la cual tomo con suavidad de caballero y hombre de experiencia. Y así fue mi hombre tierno, delicado, atento, desde la primera vez hasta la última. Ninguno de mis hijos fue producto de un error, todos fueron buscados y bien recibidos, educados y mantenidos como si sus padres vivieran en la opulencia. Ellos jamás supieron que durante el gobierno de Alfonsín, cenaban e iban a dormir, por que no queríamos que fuesen testigos de que papá y mamá, sólo cenaban mate o a lo mejor mate cocido con leche. Pero no fueron por eso malcriados, les enseñamos a vivir y a trabajar, les enseñamos a pescar no a recibir pescado servido.
Vea usted, usía, señoría o como sea, hoy aquí en un tribunal debo defender a ese ejemplo de hombre, de los cargos de violencia.
Si mi Luis, llegó a esa instancia, es fruto de un trabajo que llevó a cabo el gerente, secundado por el ingeniero, un verdadero ablande psicológico, hecho con el avaro fin de lograr que renuncie y ahorrarse una indemnización. Le decían cosas como: "Los inútiles que se deprimen por la caída del cabello, se las verán mal cuando venga la computadora" o "Cuando venga la computadora los chicatos irán al archivo", o "Los que tienen panza por la vida sedentaria, por que se pasan más de ocho horas sentados debido a que no sirven y necesitan más tiempo para hacer sus tareas y no pueden ir al gimnasio o tomar un curso de Word o Excel, esos tienen la vida limitada en esta empresa".
Señor, si esto no es una malsana persecución, capaz de sacar de sí al más templado, ¿Qué es?
Mi Luis peinaba su negra y ensortijada cabellera con Glostora, a la que adosaba perfume Old Spice y cuando empezó a perderla se sintió disminuido, no entendía que se cayera de a mechones por los nervios. Algo que lo enorgullecía de joven y hasta que empezó esta tiranía tecnológica.
El no será una persona que se destaque por su inteligencia, pero la suple con garra y dedicación. No merecían que le quisieran masajear el ego con una medallita, cuando estaba laboralmente sentenciado.
Señor, usía o como sea..., si tenemos que caminar con asesinos de toda laya, libres a través de leyes injustas como la obediencia debida o el dos por uno, o argumentando, defensa propia o locura temporal, por qué mi Luis, no puede ser contemplado por una de esas leyes, y decir que actuó en defensa de su trabajo, de su dignidad, del sustento de sus hijos y su mujer. En defensa de los que tienen un corazón y no un microchip como motor de su vida.
Déjelo en libertad, señor, me haré cargo de él, lo llevare a vivir en Olavaria, lo cuidaré y le acariciaré su incipiente calva como acariciaba su negro pelo, declárelo insano y así podrá cobrar una pensión. Pero no lo encierre, señor, el sólo se portó como un quijote, embistió contra los molinos de viento de la frialdad y de la deshumanización del trabajo. Entréguemelo, sé que mi amor y una dieta que incluya tortas fritas y torrejas, más la tibieza de un pulóver que le tejeré, lo volverán a la mansedumbre y a la paz.
Gracias por su atención señor juez.


Néstor A. Molinuevo
Noviembre de 2003

 

Volver a la Página del Taller Literario

 

Pje. Adrogué (ex Constitución) 186
(1836) Llavallol
Tel. 4298 6277
Fax 4293 1047

Volver arriba

 

 


 [Página Principal] [Breve Reseña] [Teatro Cosmopolita] [Cartelera] [Actividades] [La Banda] [Coro] [Novedades] [Clasificados] [Comisión Directiva] [E-mail]