Un nuevo lunes, otra vez el compartir la "locura" de juntarse, escribir, pensamientos, sensaciones disparadas por diferentes motivos.
El placer de dar rienda suelta a la imaginación, acompañado por pares que apoyan y critican, no tiene parangón. Se siente una fuerza que solo no se tiene, la complicidad huele bien. Alimentar al niño que se guarda en el interior, lo cual es vergonzante ante los demás, en el taller es saludable y reconfortante.
Nadie piensa igual, todos escriben distinto. Pero el expresar por escrito todo lo refrenado durante la semana, suena a libertad a pesar de estar acotados por la mesa y la cantidad de personas.
Ver gente joven escribiendo de manera tal que parecen de otro tiempo y de otro espacio y a los grandes robando tiempo a lo cotidiano para tomarse este recreo enriquecedor y creativo, es un disfrute distinto.
Contar un color, un estado de animo, por interpósita persona, para sacar algo propio, mostrando de esta manera lo que pasa por dentro de cada uno, casi con aroma a confesión, distiende y aliviana.
Que gran hallazgo el Taller, cuánto de primaria, cuánto de familia.