Nunca sabré si hoy volví a la cercanía del viejo álamo para recordarte o si, a la inversa, fue tu recuerdo que e encaminó a él.
Tu figura erguida al pie del frondoso árbol, es la última imagen que guardo de tí. Después, nunca más volvimos a estar juntos.
Mis días previos a este último encuentro estuvieron cargados de entusiasmos, proyectos, a veces, simplemente sueños, sin poder evitar una enorme carga de ansiedad, más la angustia que me generaba el futuro impredecible. Por si fuera poco, no me faltaba entonces la compañía de la duda que actuaba en mí como disparador a la vez que moderador, pero siempre como alarma y freno.
Eran momentos de mi vida donde debía tomar decisiones.
Te esperé. Con tiempo. En realidad, esperaba tus palabras. Y llegaste. me escuchaste y hablaste. Sólo dijeste "¡Anímate!".
Y partí.
Luis Raúl Luna
Dicembre de 2002