Free Web Hosting Provider - Web Hosting - E-commerce - High Speed Internet - Free Web Page
Search the Web

Taller Literario

 

Carta



Queridos amigos:

No sé cuánto tiempo ha pasado desde el último momento en que nos vimos, pero sé que ya no los volveré a ver más. La crueldad del tiempo y el espacio, con su espantoso ruido de engranajes invisibles me ha echado al olvido y sólo puedo comunicarme con ustedes por medio de esta especie de carta que dicté, mentalmente, a mi sucesor que sabrá escribirla como yo lo hubiera hecho.

Todavía recuerdo aquella tarde, la última que nos vimos, yo no había llegado a horario. La consigna era salir a dar un paseo en busca de inspiración, entonces salí y, quizá inconscientemente, emprendí mi viaje: una vuelta a la manzana, en el sentido contrario a las agujas del reloj. ¿Quería acaso volver el tiempo atrás con la debilidad de mis pasos? ¡Qué ingenuo!

Sin embargo, intuí algo en el aire llavallolense con consecuencias más extrañas que las del retorno en el tiempo, como un secreto milagro que se gestaba imperceptiblemente en las baldosas rotas de la vereda o en las ausentes, y flotaba hasta llegar a esconderse más allá de las nubes. Me detuve tratando de adivinar qué era aquello que ninguno de mis sentidos podía percibir, o mejor dicho, con qué percibía aquello que a mis sentidos se negaba. Imposible tarea, los esfuerzos vanos me debilitaron enormemente, y comencé a perder el control de mis sentidos; así como los fusibles se queman por las sobrecargas eléctricas, los contactos con mis sentidos se fundieron. Seguramente el primero fue el gusto, ya que tenía un caramelo en la boca que me parecía insípido como una piedra que mi lengua pulía vanamente.

Luego desaparecieron las imágenes, o se multiplicaron infinitamente y esto me encegueció. Después ya no sentí el viento en el rostro, ni la ropa que me cubría, ni el piso bajo mis pies, ni el cuerpo. Sólo podía oler y oír. Continué mi caminata pero ahora parecía deslizarme en el tiempo, ya que no tenia ninguna noción espacial. Mis sentidos restantes casi habían llegado a la plenitud y podía oír y oler incluso en el pasado y en el futuro al mismo tiempo. Nuevamente me detuve -si es que uno se puede detener en el tiempo-, el asombro causó la parálisis de mi cuerpo ausente; podía oler aquel milagro secreto, olía a rosas viejas y a semillas de rosas, a hierba fresca y tierra desnuda, era el aire matutino y el nocturno mixturados, aire que embriaga a los dioses. Oí, la melodía eterna llegaba a los oídos de mi alma y me ensordecía de placer; el canto de las aves y de las sirenas, el rumor del mar y de las montañas, los familiares sonidos domésticos, los sonidos inaudibles, los olvidados, los gritos de dolor y de alegría, todo era parte de este milagro que manaba de las aceras descuidadas.

Repentinamente este descubrimiento hizo volver mis sentidos y me encontré parado en una esquina, frente a un viejo perro blanco. Sin recuperarme todavía de la insólita aventura, vi que el perro me miraba a los ojos con la sabiduría de un maestro, y movía los labios para decirme solamente una palabra que no entendí o me olvide. Luego, redacté in mente esta epístola y desaparecí para siempre.

Cuando uno parte en un viaje, nunca vuelve siendo el mismo, y si ese viaje es en busca de inspiración los cambios son fatales. Sé que no me extrañaran, pues el que ocupa mi lugar tiene mi apariencia y mis recuerdos y sabrá reemplazarme bastante bien, pero sepan que así como yo fui sustituido por el que escribirá la carta y este por el que se las leyó, habrá otro que la corrija y le ponga este punto final.


Pablo Videla
Octubre de 2002

 

Volver a la Página del Taller Literario

 

Pje. Adrogué (ex Constitución) 186
(1836) Llavallol
Tel. 4298 6277
Fax 4293 1047

Volver arriba

 

 


 [Página Principal] [Breve Reseña] [Teatro Cosmopolita] [Cartelera] [Actividades] [La Banda] [Coro] [Novedades] [Clasificados] [Comisión Directiva] [E-mail]