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La historia según el Observador Técnica usada: Luego de Leer "Corazón delator" de Edgar A. Poe, recrear la historia desde el punto de vista del observador
¿Pueden los sueños enajenar a una persona? Esta es la pregunta más recurrente en mis días de soledad, que son todos.
Inútilmente trato de convencerme pensando que los sueños son sólo eso, pero la verdad es que noche tras noche recojo sueños como flores o piedras candentes; si son flores, sueño con los más bellos jardines, si piedras, las más arduas murallas que no me protegen de las pesadillas porque ellas son las pesadillas. Desde hace algunos años sólo tengo pesadillas, siempre es la misma, (o casi la misma): Estoy parado en algún rincón de una habitación completamente clausurada y oscura.
El sueño, que parece transcurrir en segundos, podría contabilizarse en horas, meses o en años, ya que me es imposible percibir el tiempo y hacer una equivalencia en tiempo real.
En este sueño hay un extraño detalle; a pesar de la absoluta oscuridad mis ojos pueden percibir, mínimamente, algunas figuras, por acostumbramiento de la visión o porque es un sueño. Veo una cama -eso es lo que parece desde aquí- sobre ella yace, cada noche en mi sueño, un viejo -lo sé por el olor que inunda el cuarto y por alguna tos nocturna- y sólo con su presencia produce sensaciones abominables.
Uno de sus ojos es postizo y aterrador, una sola vez lo he visto en sueños -creo- y es imposible describir lo que ese ojo causó en mí: una como temerosa ira. En ese sueño, desde mi habitual rincón, veo un tenue reflejo sobre el ojo inmóvil, luego todo es confuso: un grito seco de viejo que se muere, y una cama que se derrumba en un estrépito.
Entonces me despierto. Nunca habría comprendido este sueño, si no hubiese soñado lo que soñé anoche. Parado, inmóvil, en el mismo rincón, adivino la cama vacía, escucho la puerta entreabrirse lentamente como las sombras, un alarido de asesino furibundo, y un hombre que se arroja sobre la cama vacía y lucha incansablemente con las cobijas y el colchón y cae exhausto.
Luego, en la vigilia, comprendí mi castigo eterno, la unión de estos sueños son el reflejo perfecto del asesinato que cometí hace algunos años o siglos, ya no recuerdo. Lo cierto es que estoy condenado eternamente, a soñar con el momento del homicidio; a veces observo, otras soy el viejo, el asesino, la cama, el colchón o un gato de nueve vidas. Ahora, mi único consuelo, y mi terror más atroz son los sueños ya que no puedo hacer otra cosa en esta habitación con las paredes acolchonadas y con este saco que no me permite rascarme el rostro. Pablo Videla
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Pje. Adrogué (ex Constitución) 186 |
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