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Taller Literario

 

Crónicas de un hechicero



Introducción: Según algunos libros que he leído, los magos tienen problemas para evitar que se descubra el mundo aparte en el que vive. Esta historia relata los inconvenientes de uno de los tantos hechiceros que habitan en un lejano país llamado Pa.Ma., para alejar a las entrometidas personas no magas del país.

Me llamo Juanjo, y soy el encargado de custodiar las fronteras de nuestro país. Soy un mago y, como sabrán, nuestro país existe en un mundo y en un tiempo alterno al de ustedes los no mágicos. Pero nosotros podemos llegar a su mundo y ustedes pueden llegar al nuestro de la misma manera, cruzando por un camino desconocido para la mayoría de ustedes, y aunque es realmente difícil de encontrar, muchas personas dan con él, y sin saber a donde lleva, lo caminan enteramente en sus casi doscientos kilómetros, para toparse con estas fronteras.
Entonces, ¿cómo mantienen los magos su mundo en secreto?, pensarán ustedes, porque si un no mago nos descubre se los contara por lo menos a una persona más de su clase, y ésta haría lo mismo y así sucesivamente. Bueno, para eso estoy yo aquí. En mi mundo me dicen comúnmente el espantanómagos, pero a mí me parece un apodo muy vulgar. Yo preferiría nombrarme a mí mismo como fronterizo o cuidador, pero hay que admitir que el nombre que me otorga el pueblo encaja mucho mejor con la tarea que cumplo. Es, por momentos, muy divertida, puedo utilizar magia para entrar en el subconsciente del no mago que se acerca, para hablarle y persuadirlo de que se vaya, o bien puedo hacerle recordar de repente que ha dejado la puerta de su casa abierta o que se está perdiendo la final del mundial, o que está llegando tarde al cumpleaños de su suegra, etc.
Y en este mismo momento, en que estoy escribiendo, oigo una voz, parece la de un hombre que viene cantando despreocupada y apaciblemente por el sendero. ¿Qué hago, lo asusto, le recuerdo que dejó sin comer al perro durante una semana, o entro en su subconsciente?. Creo que la última es la opción que me parece más atractiva, además, hace mucho que no lo hago. Y de ese modo me dispuse a lanzarle un hechizo
-SUBCONCEREBRUM- dije, mientras apuntaba con mi bastón mágico de madera hacia el muchacho. Un resplandor dorado salió de mi instrumento y me rodeó por unos segundos, para después hacerme desaparecer y aparecer diminutamente, en el interior del cerebro del joven. Me encanta entrar en los cerebros, son hermosos pero raros, muy raros. Las ideas van de aquí para allá con una rapidez inconcebible, pero también los sentidos se encuentran allí e forma de pequeñas cabinas, cada una rotulada con el nombre del sentido. Por ejemplo, en una llamada Vista, se pueden ver colores y paisajes y letras y números, imagines por donde se pueda mirar. En el rotulado Olfato, las fragancias son diversas y exquisitas, perfumes por donde se pueda oler, y así con los otros sentidos respectivamente.
Bueno, sin quedarme mucho tiempo más a mirar, me encaminé hacia el subconsciente, y lo encontré fácilmente, un individuo muy raro que vagaba por todo el órgano. Lo saludé y lo comencé a persuadir de esta manera: -Hola, que tal? Me llamo Juanjo y soy un muerto, de hecho ya no tengo cuerpo y soy puro alma. Te recomendaría no dar ni un paso más, porque no podrás volver atrás y lo lamentarás, porque este camino sólo lleva a la muerte-.
El subconsciente se fue corriendo, conducta normal de un cerebro asustadizo. Yo salí e inmediatamente me escondí tras un arbusto, temiendo que el hombre me hubiera visto, cosa que no era verdad. Al darme vuelta para mirar al joven, pude observar que su cara había palidecido hasta parecer una cara sin vida.
El muchacho dio media vuelta y echo a correr por el sendero sin volver la vista atrás. Y de pronto, tropezó y cayó de bruces en el suelo del camino y al mismo tiempo que el estruendo de la caída retumbaba, la oscuridad se cernió sobre mí mundo y yo sentí que una mano fuerte y plana me golpeaba la cara y al instante caí en un sueño sombrío y profundo.
Cuando desperté, pude ver con horror que me encontraba cayendo en un precipicio oscuro y que centenares de brazos salían de las sombras y trataban de alcanzarme, y yo luchaba en vano para liberarme de una fuerza que me aprisionaba el cuerpo y el alma. Mientras una voz, que sonaba lúgubre y muerta, decía: "te lo dije, por ese camino sólo se llega a la muerte, pero no te dije que la salvación se encontrara para el otro lado. JAJAJA", y se alejaba resonando en mi pecho. Y en el momento en que la voz se apagó del todo, la luz retornó súbitamente y yo me encontré en un campo de batalla, luchando contra un enemigo desconocido, que hundía su espada en lo más profundo de mi corazón, y me hacía caer abatido en el pasto verde y bajo el refulgente y escuchando el clamor de una batalla que hasta hace unos minutos era ignorada por mí y que había sido aclamado por otros miles durante meses, allí yací muerto y durante años, las carrozas y los cascos infames de los caballos, pisotearon mi cuerpo inmóvil, fétido y putrefacto, mientras una voz maligna y atronadora, retumbaba en mis sueños diciendo: "Te habías equivocado, no estabas muerto, pero ahora lo estás"...


Fin

Guido Tanoni
Marzo de 2002

 

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